Cap. III. Cuando fui a la escuela ya sabía leer
Autor: Miguel Salas Yebra
Mi padre me enseñó a leer. No era maestro ni tenía una gran formación, pero estaba convencido de que solo a través de la educación podía mejorar el futuro de su familia. Y a ello se aplicó. Solía hacerlo al atardecer, quizás después de terminar su jornada o antes de irse cuando trabajaba en el turno de noche. Con la tenue luz de aquellos tiempos —la electricidad apenas alcanzaba para iluminar lo justo— nos sentábamos en torno a una mesa camilla en la cocina. Era una de esas mesas antiguas, con faldones que cubrían un brasero en su interior para combatir las frías noches de invierno.






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