En 2017 escribí este artículo que pienso que ha perdido poca actualidad.
Lo saco de nuevo en homenaje a la junta directiva de la Asociación de amigos de
los Balsetes y voluntarios y voluntarias activos de esta asociación que ha roto
moldes en lo que se refiere al tratamiento riguroso y a su trabajo incansable e
impagable por mantener y sacar a la vista el patrimonio local, en este caso no
el urbano, pero como si lo fuera.
Hace
años, allá por principios de los setenta del pasado siglo, hubo la
pretensión, por parte de algunos vecinos de la “Villa”, de
derribar el “Arco de San José” por que "no podían pasar los tratores". Afortunadamente no se utilizó
la piqueta y se restauró años más tarde. La restauración fue más
bien una reforma, pues no fue una restauración rigurosa. Quienes
somos poco entendidos y más pragmáticos, como es mi caso quedamos
conformes o resignados con lo realizado; quizás no fuera una
rehabilitación rigurosa, pero seguramente no era irreversible y
tiempo habría para corregirla si venía al caso.