jueves, 16 de abril de 2026

Comentario. Ser o no ser, ahí tengo yo la duda

     La expulsión de los moriscos

La polémica al respecto de los cánticos en el estadio de futbol de Cornellá de Llobregat me ha llamado la atención En primer lugar porque lo de cantar “musulmán el que no bote”, para ofender al equipo contrario, el de Egipto, es chocante y absurdo; se olvidan, no sé si porque son "corticos" o analfabetos, que el mejor jugador de la selección española también es musulmán. En segundo lugar, tampoco sería correcto calificar el cántico como racista, pues no lo es más allá de la intención torticera de quienes lo cantan, pues musulmán es el nombre de los que profesan el islam, por lo tanto, es una distinción religiosa, no racial.

El tema iba, creo, contra los árabes a los que confunden con los moros (los egipcios no son moros, pero si árabes, creo de origen beduino, aunque no estoy seguro) y, además, la mayoría de los musulmanes no son árabes; la mayoría son indoeuropeos, de india, Irán, Pakistán, kurdos…, y turcomanos, malayos, indonesios y de otras yerbas del centro y sudeste asiático.

Los Mossos d’Esquadra han abierto una rigurosa investigación para determinar quién fue el primer espectador que comenzó con el cántico. Me imagino que para ingresarlo en algún hospital psiquiátrico porque delito no veo. Yo soy de los antiguos del “prohibido prohibir”, siempre que no haya delito y solo fuera ofensa al honor de una persona o colectivo.

Me gusta vivir en un país en el que una mujer puede ponerse libremente el velo o la mantilla para manifestar su fe en su dios preferido (cosa bien distinta es que la obliguen) o que el hombre lleve boina, sombrero, cachirulo o cascote judío, u otros se pongan colgando un escapulario o la gorra con la bandera yanqui o la roja con la hoz y el martillo. También me alegro de que quien quiera pueda ponerse un capirote para desfilar en Semana Santa. Incluso me parece bien que alguien pueda decir que los que no creemos en la divinidad de Jesucristo arderemos en el infierno, no me ofende, me hace gracia; otra cosa es que me quisieran quemar en esta vida como hacía la Santa Inquisición.

En eso consiste la democracia y la libertad de expresión. Pero del mismo modo que existe la libertad para mostrar una determinada fe, también debe existir la libertad para mostrar que no tienes esa fe y todos tan amigos. El problema no es que te insulten o te ofendan, porque siempre habrá personas que tendrán la facultad de poder insultar u ofender porque están en una posición de privilegio social, la cuestión es el poder tener el derecho, TODOS, a devolver el insulto y las ofensas. En democracia, todas las ideas se pueden defender, hasta aquellas de los que no tienen ni ideas.

“Los besos que tú me diste

ya te lo devolveré,

cuando quieras me lo pides

con rento te lo daré”.


2 comentarios:

  1. Creo que ya va siendo hora ir reconociendo la importante aportación que ahora mismo está haciendo la población de origen marroquí en la comarca del Bajo Martín.

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  2. Secundo la moción, es sin duda, justo y necesario

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