Hay negocios que más allá de ser el día a día
de una localidad, pasan a ser una parte de ellos. Por su esencia, su gente, por
todas las historias vividas en él. Este es un caso con nombre propio, se trata
de Casa Luis, una tienda de productos básicos que lleva abierta en Samper de
Calanda, en la provincia de Teruel, durante 136 años. Sus pasillos han visto
pasar varias generaciones, incluidas las actuales, y todas ellas acudían aquí
ya sea para sus compras más básicas o para ocasiones especiales, por mucho que
se den en este rincón turolense. Pues este mes de mayo esta extensa trayectoria
pone un punto y final a más de un siglo de servicio al pueblo.
Su historia
dio comienzo un 8 de marzo de 1889 y siempre estuvo ubicada en la misma calle
de este municipio en la Comarca del Bajo Martín, en la de Altero. Al llevar
tantos años abierta al público, no todo pudo ser de color de rosas, y después
del estallido de la Guerra Civil en 1936 fue "completamente
desvalijada", cuando el padre de Luis Abadía (63), actual y último regente
del negocio, apenas se mecía en los brazos de su abuela.
En 1940, con
el régimen franquista ya instaurado en España y en Aragón, su familia tuvo que
trasladar Casa Luis a la calle de Las Fuentes, donde hasta hoy ha tenido lugar
toda su actividad. Se podría decir que ostentan un récord en el municipio, ya
que en esta misma tienda se instaló el primer congelador del pueblo en 1962, un
salto tecnológico que marcaba diferencias por aquel entonces.
Luis es la
quinta generación de este pequeño supermercado que ofrece todo tipo de
productos a la gente de Samper, algo que ya marca su esencia desde que abrió
Casa Luis. "Tú entras por la puerta y te encuentras una tienda
tradicional, antigua, de las de toda la vida, es como si estuvieras en los años
80. Vendo productos de primera necesidad, limpieza, sardinas en cubo, antes
vendíamos alpargatas... de todo", enumera el turolense, aquello que alguna
vez inició su tatarabuela, heredó su abuela y él acabó sucediendo de su padre.
Luis lleva 40
años detrás de su mostrador y ha visto pasar a muchas familias, vecinos o
ciudadanos de otros pueblos que pasaban por allí, y cada vez ve la vida más
alejada de sus calles. "He visto lo bueno y lo malo de este pueblo -ya que
hoy cuenta con menos de 700 habitantes, cuando en los 60 rozaban los 2.000-,
pero la vida es así", apunta, de ahí que nadie quiera tomar las riendas de
Casa Luis y extender su leyenda en el tiempo. "La gente no quiere meterse
en jaleos, no les apetece. Los jóvenes quieren su jornada de ocho horas y vivir
su vida", asegura Abadía.
Aunque
dedicarse en cuerpo y alma a este negocio tampoco le ha privado de ello.
"Yo no estoy de esclavo aquí, yo soy superfeliz, he dejado un buen legado.
El deporte ha sido mi tabla de salvación", así hace referencia a lo que le
ha impulsado a no dejar Casa Luis antes, ya que el motivo de su jubilación es
por cómo le puede dejar su tercera operación de rodilla. "Es insufrible,
ya es momento de parar. Yo trabajo todos los días menos Nochebuena y
Nochevieja, es decir, 363 días al año", comenta con el 23 mayo, día en el
que su tienda cerrará tras casi 140 años de charlas y conversaciones diarias.
Ejemplo para el municipio
Destaca entre
otras muchas cosas lo que representa Casa Luis: esa familiaridad y cercanía con
su gente. "Toda mi trayectoria aquí es santo y seña del buen carácter y la
bondad. Mi madre ha sido mi ejemplo en todo momento", resalta, a lo que
también añade el cariño de todos los samperinos, que le piden que no cierre,
aunque estos tendrán otras dos tiendas para acudir a sus compras de primera
necesidad.

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