A veces es inevitable; en legítima defensa, como si te vienen a pegar, pues te tienes que defender, aunque este es un criterio o argumento que quienes mandan en una nación sueles emplear para arrastrar a su población a la guerra a defender los intereses de sus elites (ya sabemos que ellos no van a la guerra, pero mandan a los hijos de los plebeyos a que vayan al frente, que además, suelen hacerlo con entusiasmo porque les han lavado el celebro, aunque cuando ven el desastre y los muertos ocasionados quieren matar a sus lideres. Si se pierde la guerra, claro, porque si se gana los hacen héroes.
¿Pero quién sabe lo que es una guerra justa o injusta?
Esto lo debatió San Agustín y, más tarde, los filósofos erasmistas que eran
cuatro que pensaban, o algún filósofo oriental normalmente ermitaño y
come yerbas.
Ahora salen por las redes sociales fotos y videos de
evangelistas protestantes rezando con Tramp para que Dios le gane la guerra a
Alá, como si Dios y Ala no fuera la misma persona (bueno, tres personas y un
solo dios verdadero). Los protestantes, sobre todo los fundamentalistas
puritanos calvinistas, hacen buenos a los integristas y trabucaires católicos y
a los mahometanos.
En el pasado, Estados Unidos llevó las guerras a
Vietnam, a Corea, a Afganistán, a Irak, y en todas partes las perdieron. El
último gran fracaso fue en Afganistán, donde después de veinte años de guerra
tuvieron que salir en desbandada (los soviéticos también salieron en desbandada y de ahí el desastre de su imperio). El mundo, estupefacto, tuvo que ver el
regreso al poder nada menos que de los aborrecibles talibanes.
Por la vía de la guerra lo único que han logrado es
tener muchos países enemigos.
Esta guerra contra Irán se realiza en un momento en
que el imperio del norte occidental está en un momento de declive económico y decadencia
moral; lo gobierna un demente, como lo fue Calígula en la antigua Roma y en
cualquier momento nombrará a su caballo como secretario de defensa y a su perro
como secretario de economía. Es cómica la situación y aunque sea de una gran gravedad, por lo menos nos reiremos mientras no nos lleguen las bombas.
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