lunes, 13 de febrero de 2012

ENSAYO: El que fundó el mesianismo y las ideas sociales.


Moises enseñando a su gente la
Ley de Dios

MOISÉS Y LOS MANDAMIENTOS DE LA LEY DE DIOS.

Moisés fue, posiblemente, un líder real, quizás una ficción; pudo ser el nombre mitológico del fundador o jefe de una secta nacionalista o una escuela de sacerdotes, sabios o jueces filosófico-místicos que intentó en la antigüedad muy remota, cuando el mundo estaba muchísimo menos poblado que ahora, unificar a una serie de tribus beduinas o camitas siervas del Imperio egipcio con delincuentes y restos de esclavos en paro y sin prestación por desempleo.

          Aprovechó que sobrevino una de las crisis cíclicas de ese imperio para largarse de Egipto, ya que no tenían territorio autónomo para independizarse o, quizás, no se lo permitieron y prefirieron, los egipcios, que se fueran de este país pues no necesitaban jornaleros, ya que siempre, después de varios años de vacas gordas, le venían a Egipto otros tantos de vacas flacas y malas cosechas; eso lo sabemos los que hemos estudiado la Historia Sagrada; cuando se estudiaba en la escuela. Digo escuela porque cuando era niño no decíamos colegio, que eso era como llamaban a la escuela los que iban a la de pago.       
          Ahora no nos gusta nada el sistema patriarcal arcaico que inventó Moisés, pero en el contexto de aquella época y con la gente desestructurada que le toco educar, lo suyo fue un trabajo titánico y progresista, que diríamos ahora; sin tutores, sin profesores de apoyo y con la sola financiación del maná que les mandaba Dios por las mañanas. Poco, porque Dios, aunque a algunos le enfade lo que le digo, siempre fue algo tacaño.
          Ordenó, Moisés, adorar a un solo Dios, sin ídolos, para separar a las huestes de su pueblo de la alienación de la casta sacerdotal decadente de Egipto y de los funcionarios corruptos que solo incitaban al consumismo de las clases medias y a un desarrollo insostenible (los monumentos, los palacios y las estatuas eran enormes), a la par que los reventaban a trabajar. (Entonces no había políticos, que eso se inventó en la Grecia unos siglos después, y en la Europa contemporánea  no vino hasta la Revolución Francesa o en España después de la Guerra de la Independencia con los liberales decimonónicos.)
          Mandó, bajo pena de muerte, el responsabilizarse de los padres ancianos, cosa que parece que no hacían muchos; el respetar la mujer del prójimo, cosa que no se respetaba; prohibió la poligamia y el poder tener esclavas para desempeños sexuales. De ahí viene el tabú de no tener relaciones de ese tipo fuera del matrimonio.
          Prohibió también matar, robar, mentir, y no lo hizo solamente de manera retórica sino que lo imprimió en la conciencia como pena cardinal de difícil expiación en la eternidad futura. Como para acojonarse.
          Los israelitas y judíos fueron los únicos que conservaron estas tradiciones; la mayoría de las tribus descendientes de aquellos primeros hebreos volvieron a muchas costumbres perversas hasta que llegó el Islám con su interpretación particular pero más o menos en la misma línea, aunque Mahoma o sus seguidores no se atrevieron a prohibir la poligamia y el concubinato, solo reglamentaron y limitaron esas prácticas. El resto del Imperio Romano hacía unos siglos que había adoptado las versiones cristianas del mesianismo.
          Me he dejado para lo último una de las leyes de Moisés que él decía que le había entregado Dios en unas tablas gravadas, porque entonces no se había inventado el papel y a los pobres no les llegaba para papiro.
          Posiblemente se las entregó Dios, como afirmaba el, o se lo imaginó, porque sabemos que Moisés bebía vino, a diferencia de otras escuelas místicas de la época; eso también porque, como su pueblo le consideraba en línea directa con Dios y los había liberado de la servidumbre o de la esclavitud, ¿a ver quien le llevaba la contraria?
          Esta ley, la tercera o cuarta, que ya no me acuerdo de los Mandamientos, era la de Santificar las Fiestas; sin duda, la primera conquista de la clase trabajadora antes de que se crearan los sindicatos.
          La jornada de ocho horas y “la semana inglesa” vendrían varios siglos más tarde con los laboristas ingleses y la socialdemocracia.
          Deberían dedicarse, ese día, a rezar a Dios y reunirse con la familia y los amigos. Nada menos que uno de cada siete días, más la conmemoración de la salida de Egipto (la Pascua) y otras que irían añadiendo, pues los judíos eran muy mediterráneos y aprovechaban cualquier conmemoración para hacer fiesta y montar el tenderete para vender cosas a los gentiles que venían de las tribus y países vecinos a los que les dejaban el dinero a renta para que les compraran cosas; así que hipotecaron a muchos, incluso a muchos patricios y plebeyos romanos.
          Por eso los echaron también los babilonios  que los habían deportado a la pecadora Babel para ver si los fragmentaban y se disolvían. Pero no pudieron. Y después los romanos que ya los dispersaron por la Diáspora, para no tener que devolverles el crédito con intereses. Estuvieron a punto de acabar con estos imperios a pesar de que los israelitas apenas tenían ejército ni armamento.
          La interpretación de los festivos a cambiado a lo largo del tiempo, de las corrientes sociales o de las religiosas; los israelitas todavía lo celebran en sábado, lo mismo que algunas pocas denominaciones cristianas; por lo general “cultos” como los adventistas o testigos de Jehová, aunque la mayoría de los cristianos lo cambiaron al domingo porque los romanos de la capital, con el Papa a la cabeza, lo adaptaron a la sociología metropolitana. Parece ser que a los romanos,  los domingos después del sábado de fiesta, les entraba el “síndrome post-festivo” y estaban todos de baja ese día, así que trasladaron el festivo al domingo y “mataron dos pájaros a un tiempo”. Los mahometanos por fastidiar y llevar la contraria, como siempre, lo adelantaron al viernes.
          La rigidez en lo festivo también cambia; en algunos pueblos del norte de América no puede nadie ni ir a un bar, porque no pueden abrir en domingo ni los bares y hasta Protección Civil tiene problemas a la hora de realizar un rescate pues no quieren ir, sobre todo si los accidentados son negros, católicos o forasteros, y si no has comprado tabaco, te quedas sin fumar. No se puede jugar al futbol, etc. Un aburrimiento.
          Los que, por nuestra edad, vivimos la época de la Dictadura, sabemos que había que pedir  permiso a la Iglesia para poder segar la cosecha en día de guardar; si ibas a misa te daban el permiso. Cuando había necesidad de recaudar dinero o por “joder la marrana”, los “guardias ceviles” salían los domingos a la entrada del pueblo y multaban a los ingenuos labradores que habían salido al campo sin autorización o a los trabajadores de la Renfe o de la Calvo Sotelo (Endesa), que aprovechaban el domingo para ir a la huerta para hacer pluriempleo.
          Ahora, con eso de la postmodernidad, somos los agnósticos y ateos (entre los que también estamos mucha gente piadosa y con fe), quienes queremos santificar las fiestas e incluso ir a misa si hace falta si eso nos libera de trabajar. Son los neoconservadores-liberales, que no tienen sentido del humor, ni son ya conservadores, ni liberales, ni nada, los que quieren recortar los festivos, los puentes y las vacaciones, que en el fondo es cargarse las fiestas.
          Porque dicen que se trabaja poco en España. ¡Claro, pero porque hay un 23% de paro! También dicen que los que trabajan, deben trabajar más, o sea, que si trabajan más los que tienen trabajo, habrá más paro. Y quieren que se jubile más tarde la gente como si faltara mano de obra. ¡Qué angunia! 
          Es que nunca entenderé a los políticos y a los economistas liberales. A la plebe ciudadana tampoco; quiere adorar a Dios y al Becerro de Oro al mismo tiempo. A Moisés sí que lo entiendo, salvando la distancia que es larga; supo organizar a su gente, tener autoridad y enfrentarse contra quien hiciera falta pero, me cachis en la mar, por un pequeño fallo Dios le inhabilito para el cargo y le prohibió entrar en la Tierra Prometida. ¡Eso era tener responsabilidad, no como ahora!
  

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