HERALDO
DE ARAGÓN hace una encuesta entre sus lectores sobre lo que piensan de esta
medida de prohibir las redes sociales a los menores de 16 años.
“Expertos de Proyecto Hombre y del Centro Municipal de Prevención de Adicciones de Zaragoza alertan del consumo abusivo de pantallas y ven con buenos ojos la medida del Gobierno de prohibir el acceso a aplicaciones como TikTok, Instagram o Youtube a menores de 16 años”.
Yo
tengo posiciones encontradas sobre esto. Como con tantas cosas. Pienso en los
efectos secundarios negativos que pueden tener el acceso de los jóvenes (y de
los mayores), a las nuevas tecnologías. Y por otro lado pienso lo feliz que
hubiera sido yo si las hubiera tenido de niño y de joven. Ahora de mayor, por
ejemplo, disfruto como un mono con el móvil y el ordenador. Antes soñaba con
algo así pero nunca pensé que podría verlo y disfrutarlo en la vida real. Si
acaso en el otro mundo, pero soy agnóstico.
¿Sería
hoy más tonto si de niño hubiera tenido acceso a las nuevas tecnologías? O,
dicho de otra manera ¿sería más listo, culto y espabilado? Yo me hago esta
pregunta y creo que además de haber disfrutado crecidamente habría aprendido más.
Pero yo no soy alguien especial ni estoy inmunizado a los efectos indeseables
de las nuevas tecnologías, sin embargo ¿No hay cierto moralismo en el rechazo a
las nuevas tecnologías como lo había, en sus tiempos al cinematógrafo, a la
televisión o, yendo más lejos, a la imprenta, a la proliferación de libros y
los periódicos? Se decía que leer derretían los sesos y aún se dice que los
periódicos solo cuentan mentiras, bulos, los llaman ahora.
Los
que nos gusta leer, ver la televisión, leer los periódicos y ahora los móviles
y ordenadores deberíamos ser tontos de remate y enajenados culturalmente.
Estoy
de acuerdo que se regule y por ejemplo que no se permita en las aulas cuando no son necesarios para una clase, en los
hospitales, en los medios de transporte, locales públicos donde mucha gente no
hace más que molestar con su mala educación (o sea, que no la tienen). O que se
tenga en cuenta el “principio de prevención” en las instalaciones de
antenas y demás por los efectos, incluso graves, que pudieran tener en algunas
personas ya que no está suficientemente desarrollada la investigación sobre
este tema.
Otro
tema que creo irresoluble es que los padres actuales, salvo excepciones, que
las hay, puedan o sepan prohibir a sus hijos del uso de los móviles y las redes
sociales. La familia actual no puede, ni sabe disciplinar a sus hijos (la
escuela tampoco), con medidas internas y castigos, que igual habría que hacer;
pero la mayoría de los niños y adolescentes se forman hoy en la calle, con su
peña, su pandilla. Antiguamente el tirano dentro de la familia era el padre, la
madre en segundo lugar o los abuelos los terceros en la jerarquía, hoy los
tiranos en la familia son los hijos. En la escuela los alumnos mandan más que
el maestro (con el apoyo además de los padres que los apoyan).
Tampoco
hay que confundir algunos métodos como la escuela moderna, el Método Freire o la Educación
Montessori con la falta de educación que se da en la familia. Pienso que los padres deben
recuperar su espacio de autoridad. Y en la enseñanza no es incompatible los buenos métodos modernos de enseñanza con la libertad; alumnos y profesores se trataban de usted y se respetaban mutuamente, ahora ni están claros los valores ni la jerarquía ni nada. Hemos pasado de la escuela autoritaria a la nihilista, los alumnos vienen de casa como vándalos y luego tendrán que ir a trabajar a una empresa donde, allí si, sigue imperando el autoritarismo más salvaje y jerárquico. Habrá que ver como se adaptan sin que les afecte la depresión y la angunia.
Tampoco
como en mis tiempos; si un maestro maltrataba a un niño y este se revelaba, el
padre no lo apoyaba; hoy el padre va a pegarle al maestro o la maestra, aunque
su hijo se mereciera una colleja y hubiera tenido un comportamiento incívico o
violento.
¿Qué eficacia puede tener una ley que prohíba el móvil a los menores? Yo creo que ninguna. Pero no soy experto y menos pedagogo, y lo que digo y pienso no es más que pura percepción no bien formada de este problema, que no sé porque me meto a opinar de lo que no se y casi ni me importa porque no tengo hijos y menos nietos. Pero no voy a ser menos pedante y enteradillo que la media de la ciudadanía; no se si me entienden, y como me pide el “Heraldo de Aragón” y las redes sociales que opine lo hago gustosamente.


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