sábado, 21 de febrero de 2026

Comentario. La corrupción en España (i)

 La corrupción en España cuesta 90.000 millones de euros anuales, casi el 8% del PIB, según un estudio del Consejo de la Unión Europea.

La corrupción no siempre adopta la forma grosera del maletín o la taleguilla de Roldán, la “bodeguilla”, el soborno o el clientelismo político (que también).

Las hay, y las hubo, a la luz del día y a gran escala que, sin embargo, a quien la denunciaba en su día se le reían en la cara. Cristóbal Montoro y el Gobierno de Mariano Rajoy, entre 2011 y 2018, estuvieron aplicando políticas de austeridad devastadoras para las clases medias y trabajadoras. Subieron impuestos (el IVA pasó del 18 al 21%), crearon el impuesto al sol que encareció la factura eléctrica y frenó el desarrollo de energías limpias; congelaron las  pensiones, bajaron los sueldos a los funcionarios, redujeron puestos de trabajo en las administraciones y sus sectores públicos, afectando a la sanidad pública, la educación, la dependencia y otros muchos servicios esenciales, redujeron a la insignificancia la inversión pública y España superó los cinco millones de desempleados, muchos no pudieron pagar las  hipotecas y  perdieron  sus  casas.  

Sin embargo, al mismo tiempo, el Gobierno aprobaba el real decreto Ley 12/2012, por el que estableció una "regularización fiscal" que permitió a personas físicas y jurídicas aflorar capitales ocultos con un gravamen del 10%, que en la práctica fue mucho menor, el 3%. De este modo se blanquearon fortunas sucias creadas sobre el fraude o el delito de la droga, el juego y la prostitución o “trata de blancas” a las que se les perdonaba la mayor parte de la deuda tributaria exigible.

La Lista Falciani rebelaba con todo lujo de detalles los datos de los defraudadores, pero en vez de iniciar los procedimientos recaudatorios que establecen las normas tributarias como hizo Alemania, Francia y otros países de la UE el ministerio se aplicó a redactar la amnistía fiscal que años después, en 2017, sería declarada ilegal por el Tribunal Constitucional.

Esa sentencia no tuvo ninguna consecuencia sobre los defraudadores beneficiarios de aquella tropelía jurídica y fiscal. De los 40.000 millones de euros aflorados se recaudaron 1.200 millones. Se hubiesen podido recaudar 14.000 entre IRPF e Impuesto de Sociedades. 

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