Pues no, al menos no
del todo. Yo creo en las libertades burguesas que proceden de la Ilustración
del siglo XVIII y del movimiento liberal demócrata, sea jacobino o federal del
XIX, como la libertad de expresión, la de manifestación y la de imprenta (hoy
digital también); libertad para crear partidos políticos, sistema
representativo con sufragio universal (femenino por supuesto), separación de
poderes dentro del Estado, subordinación a las leyes civiles y de guerra
internacionales, de la Declaración de los Derechos Humanos, etc. No soy
partidario de aquello que decía Lenin de “libertad para qué”, aunque lo
entiendo en una guerra civil en la que se encontraba Rusia y el movimiento
emergente del socialismo europeo defensor de un mísero proletariado al que explotaba
horrorosamente la clase burguesa industrial de principios del siglo XX con una
represión terrible.
Pero los sistemas
políticos se legitiman por cuestiones a veces impredecibles; las más por su
eficacia en trasladar a la mayor parte de la ciudadanía unas buenas condiciones
económicas, Todos los imperios lo han conseguido en su fase expansiva, lo
mantienen algunos durante mucho tiempo en una fase depresiva pero consolidada y
lo pierden en su decadencia última. Es un fenómeno natural que ocurre en todos
los órdenes de la naturaleza como en la vida de los humanos con el nacimiento,
la juventud, la madurez, la decadencia y la muerte; en la historia, en las
ideologías y la economía ocurre lo mismo, ya saben eso de “que no hay imperio
que cien años dure ni pueblos que lo aguanten”…
Los nacionalismos
modernos tienen una gran fuente de legitimidad con la que no contaban los
movimientos socialistas, hay gente que está dispuesta a morir por causas que no
son la suya, que son de las elites que los gobiernan; millones de jóvenes
murieron en la I Guerra Mundial por nacionalismo. Además, los jóvenes franceses
y alemanes fueron a matarse unos a otros con el apoyo, en cada una de esas
naciones, de sus partidos socialistas, lo que ya es el colmo de la perversión
de esta ideología que en principio era internacionalista.
En el medievo, la
legitimidad la daba la religión: ningún rey podía gobernar en Europa, pues
debía recibía la bendición del Papa, hasta que surgió la Reforma protestante que
traslado esa bendición al parlamento y a la ciudadanía (era el principio del
orden burgués que sustituyó a la aristocracia),
Los EE. UU. supieron
implantar esa cultura, la más avanzada, a sus colonias y se transformó después
de la primera Guerra Mundial, y sobre todo de la II en el imperio dominante.
Pero ahora, más deprisa de lo que nos suponíamos está entrando en una franca
decadencia. No hace falta ser muy avispado para intuir que está siendo
sustituida por otras potencias emergentes, como India, Malasia, Brasil, Méjico,
Vietnam, las dos Coreas, Indonesia (o Japón, que está como callado, esperando
su oportunidad). Pero es especialmente China quien parece que será la
hegemónica ¿Durante cuánto tiempo? Ya lo veremos. Bueno, lo verán las
generaciones que nos precedan, pero EEUU ya no lo será; esperemos que la UE no
se deje arrastras por la decadencia de los yanquis y se una a los emergentes
como un país o confederación más en la nueva división internacional del
trabajo.

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