“Recuérdalo tú y recuérdalo a otros”, escribió el poeta Luis Cernuda. Ese es el sentido de estas páginas dedicadas a mi padre. En ellas se recogen vivencias que me han acompañado a lo largo del tiempo y que representan una forma de entenderme y mirarme a mi mismo a través de su ausencia. Pero son, sobre todo, un intento de mantener viva su memoria y trasmitirla a las generaciones que le han sucedido, para que su recuerdo siga vivo.
La
verdadera heroína de esta historia es mi madre que luchó contra las
adversidades para sacar adelante la familia.
Hace sesenta años que murió mi padre Miguel
Hace sesenta años que murió mi padre. Fue un viernes, el 26 de
marzo de 1965. Tenía 43 años recién cumplidos, yo solo 11. Su recuerdo no ha
dejado de acompañarme. No lo he vivido como una carga pesada, pero su sombra
siempre ha estado presente.
Leí una vez que una tribu de Tanzania en vez de utilizar la
fórmula “Érase una vez” utilizaba la expresión “Recuerdo algo que nuestro padre
me contó”. Me parece una forma hermosa de conectar pasado y memoria. Ojalá yo
pudiera contar más cosas de mi padre. Por eso, este texto no pretende ser una
biografía, sino apenas una recopilación de recuerdos fragmentados de los pocos
años que compartimos. Son memorias que han perdurado en el tiempo y que hoy se
convierten en el testimonio de una relación interrumpida prematuramente: siendo
él tan joven y yo tan niño.
Hace años que arrastro el deseo de poner por escrito estos
pensamientos que regresan una y otra vez. Hubiera preferido poder relatar algo
más sobre él, sobre su vida, sus preocupaciones e ilusiones, pero ya no queda
casi nadie que lo conociera. Y cuando, tiempo atrás, pregunté solo obtuve
respuestas vagas: “era buena persona”, “tenía muchos amigos”, “era muy
deportista y muy trabajador”. Todas afirmaciones sinceras, sin duda, pero casi
nada que me permitiera profundizar en su personalidad, sus experiencias y
deseos. Como suele ocurrir en tantas vidas, las conversaciones importantes no
se tienen a tiempo. Y cuando quieres hacer preguntas, ya no encuentras a nadie
que pueda contestarlas.
No sé bien por qué he tardado tanto en escribir estas páginas.
Durante años he ido contando estas historias oralmente, y escribiendo pequeñas
notas en diferentes cuadernos, pero nunca encontraba el momento para cerrarlas.
La cercanía del 60 aniversario de su muerte me empujó, por fin, a hacerlo.
Estos recuerdos representan una forma de liberación para mí, una manera de
saldar una deuda pendiente. Y si al fin he conseguido plasmarlos es para
compartirlos con mis seres queridos, y para que su memoria no se pierda en el
tiempo.
No puedo negarlo: al hablar de mi padre, también estoy hablando de
mí. Porque eso es, en el fondo, lo que quiero transmitir: cómo me influyó el
tiempo que compartimos y cómo tuve que crecer y formarme a partir de su
ausencia. En algún momento aprendí que sólo el que sabe de dónde viene puede llegar a algún lugar. Los recuerdos
sobre mi padre mezclados con la tierra de donde procedo son el anclaje sobre el
que pude crecer.
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| De portero en el Campo El Calvario |
Cap. II.- Mi primer recuerdo es una fotografía
Cuando fuí a la escuela ya sabía leer
Una paliza ejemplar
El tren
La casa de los abuelos
Un secreto familiar
El deporte
Nos vamos a Barcelona
Una oficina bancaria ha ocupado mi casa
Salvado en la piscina
Anuncio de pérdida
La sorpresa de la muerte
En el entierro del abuelo
Y ANEXO

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chuel te estas confesando sin cura
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