Cuando terminan su mandato (los presidentes del gobierno de España), cobran una buena pensión, tienen coche oficial y pueden trabajar de asesores en grandes compañías multinacionales a las que beneficiaron durante su mandato (puertas giratorias les dicen).
Forman parte del Consejo de
Estado que es una institución que no se para que puñetas sirve, pero por cuyos
servicios (que no sé cuáles son, pero deben ser muy importantes), cobrarán una
buena remuneración, digo, que no lo se. Son pensionistas de lujo que pueden
jubilarse anticipadamente y a lo grande como aquellos militares y
guardiaciviles que pasaban de jóvenes a la reserva cobrando la prejubilación
para trabajar de guardajurados o porteros en otra empresa.
Felipe González consiguió 202
escaños en 1982. Presidente hasta el 96. Piquito de oro al que muchas señoras
le gritaban que querían un hijo suyo, igual de cómo le gritan las “marujas”
castizas a los matadores de toros. Hoy es un señoro barrigón con puro en la
cubierta de un yate que se extravía políticamente a la derecha, aunque a mí ya
me parecía de derechas cuando se puso a desmantelar la industria pesada,
externalizó la manufacturada, vendió la agricultura a las naciones del centro y
norte de la UE y convenció a su electorado de votar a favor de la OTAN. Luego
vendría lo de acabar con las cajas de ahorros y la banca pública y otros
desmantelamientos con la inestimable ayuda de los gobiernos de la derecha que
vendrían después a rematar la faena con tanto o más entusiasmo.
Pero, también hay que ver su
faceta positiva, que la tuvo; porque esta descripción sería profusamente
injusta (sin ser incierta): pues fue el gran modernizador de España, el primer
presidente de izquierdas desde la II República. Tal vez usted que lee este
texto lo comprende, lo alaba o critica, pero usted, persona de la clase baja
trabajadora o media baja que son la mayoría de España, se formó y adquirió
comprensión lectora con una beca para estudiar. Usted, su padre o su hijo. Fue
Felipe González el que instauró/universalizó el sistema de becas, el que
extendió la educación pública y generalizo la enseñanza universitaria a los
hijos de los trabajadores, la protección de la Seguridad Social y la Sanidad a
su universalización hasta convertirla en una de las mejores del mundo, y el subsidio del
paro,
Fue Felipe un estadista, un
modernizador, un padre de la patria. Un padre de la patria al que le pagan muy
bien de jubilado para que salga en los “medios” a que diga cosas que no le
gustaría decir, pero tiene que ganarse el jornal tan bueno que le dan, aunque
estaría más cómodo fuera de los focos mediáticos.
Cada presidente del Gobierno de
España se ha dedicado a una cosa al abandonar la Moncloa. Cuando se presentó
Aznar de alternativa quería, yo, que ganara las elecciones porque pensaba que era
un señor de centro derecha y pensaba que contribuiría a dos cosas: a regenerar
la decadencia y corrupción a la que había llegado España en los últimos años de
gobierno socialista con el felipismo y a unificar la derecha sociológica tardo
franquista dirigida por lo más avanzado de ese segmento ideológico que creí representaba Aznar; hasta
escribió un libro ensalzando a Azaña y en su primera legislatura prometía creerse la pluralidad nacional de España; parecía demócrata regeneracionista y
democristiano sincero.
Pero no regeneró nada, salió
neocón; ni siquiera aquello que prometió de reformar el sistema de fondos
reservados haciéndolo trasparente como en las democracias europeas avanzadas
para que esta partida de los presupuestos no fuera un coladero de dinero estatal,
siguió sin fiscalizar. No hizo nada de su programa regeneracionista. Y de
aquellos barros estos lodos.
Luego lo del apoyo a la guerra con el Reino Unido y EE. UU., menuda trola lo de las armas de destrucción masiva. Al principio, Aznar, hasta era guapo, aunque Felipe y Aznar nunca fueron guapos del todo; fueron resultones, por eso le tienen mucha envidia a Sánchez, que si es guapo de verdad (no es por otra cosa). Felipe ha envejecido mal como envejecemos la mayoría, con papada y barriga cervecera y Aznar, que es puritano calvinista, ha hecho mucha gimnasia, ayuno y cilicio, pero se le ha quedado una cara que solo le falta que le crezcan los colmillos para que parezca el conde Drácula. Ahora son amigos como el gordo y el flaco.
Los demás, si exceptuamos a
Suarez, es decir; Leopoldo Calvo Sotelo
El Breve, Rajoy, Zapatero… (no se si me dejo alguno), han sido bastante
irrelevantes y apenas pasarán a la historia.
Los más jóvenes no lo van a
creer, pero hubo un tiempo en el que te ponías malo ibas al ambulatorio sacabas
número y el médico te veía ese mismo día

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