Estudio realizado por Daniel Segura Martín.
He decidido, en mi afán de divulgar la Historia de Samper, analizar en profundidad uno de los personajes que más han influido en la historia de nuestra villa. Pocos nombres aparecen con tanta fuerza como el de D. León Cappa y Béjar. Militar, político, empresario y visionario, llegó a la villa en la segunda mitad del siglo XIX y dejó una huella que todavía hoy puede rastrearse en sus calles, en sus proyectos hidráulicos y en el recuerdo colectivo de varias generaciones de samperinos.
Su figura, sin embargo, va
mucho más allá de la de un simple alcalde. Cappa soñó con transformar nuestra
villa en una población moderna, conectada por el ferrocarril, dotada de mejores
infraestructuras y capaz de aprovechar al máximo sus recursos agrícolas.
Algunas de sus iniciativas llegaron a hacerse realidad; otras quedaron en el
terreno de los proyectos y de la más pura imaginación. Pero todas contribuyeron
a convertirlo en uno de los personajes más influyentes y también más
controvertidos de nuestra extensa y rica historia local.
D. León Cappa Béjar (1814-1896), hijo del General y
gobernador de Melilla, D. Luis Cappa Rioseco, alcanzó en su carrera militar el
título de coronel, no como su hermano, D. Luis Cappa Béjar, que llegó a
general. No obstante, pese a su notable éxito en su carrera militar, su
vocación se hallaba en las florecientes implementaciones de la época: el
ferrocarril y las industrias, como la del carbón. Debemos tener en mente, que
la Revolución Industrial, ya había transformado de manera permanente las
Sociedades de ricos países como el Imperio Británico, el Imperio Alemán, o
Austria-Hungría, entre otros.
En ese contexto de expansión del capitalismo industrial y de
búsqueda de nuevas fuentes de riqueza, León Cappa se integró en un tipo de
empresario característico del siglo XIX: el promotor de infraestructuras y
sociedades mercantiles vinculadas al desarrollo minero y ferroviario. Su
actividad no se limitó a la teoría o al simple interés técnico, sino que se
materializó en la creación y participación de diversas compañías y proyectos
destinados a explotar los recursos del territorio y conectarlos con los grandes
ejes comerciales.
Entre estas iniciativas destaca su vinculación a proyectos
ferroviarios tempranos en Aragón, como el proyectado ferrocarril de Gargallo a
Escatrón (1857), concebido para articular la salida de los recursos mineros del
entorno de las cuencas turolenses hacia el valle del Ebro. Este tipo de
proyectos responden a una lógica muy clara del momento: la necesidad de unir
las zonas productoras de carbón con los grandes centros industriales y los
puertos de exportación.
En esa misma línea se inscribe su papel como impulsor de
distintas sociedades empresariales. Entre ellas destaca la denominada Sociedad
Príncipe de Asturias S.A., recogida en los estudios del Centro de Estudios
Borjanos, concebida como una sociedad de carácter industrial y minero orientada
a la explotación de recursos del subsuelo aragonés, especialmente el carbón.
Este tipo de sociedades eran habituales en la segunda mitad del siglo XIX y
funcionaban como instrumentos financieros para captar capital, organizar
concesiones mineras y promover infraestructuras de transporte asociadas.
Asimismo, su nombre aparece relacionado con diversas
iniciativas empresariales de carácter ferroviario, entre las que sobresale su
implicación en estudios y concesiones para líneas de transporte que debían
conectar el interior turolense con la red general ferroviaria española. Este
interés cristaliza años más tarde en autorizaciones oficiales, como la de 1886,
por la que se le permitió realizar estudios para la construcción de un tranvía
de vapor entre Samper de Calanda y la línea de Valencia a Tarragona y Francia,
con un ramal hacia la línea de Calatayud a Teruel. En conjunto, todas estas
iniciativas muestran que Cappa no actuaba de forma aislada, sino dentro de una
estrategia más amplia que unía minería, transporte y desarrollo económico. El
carbón de las cuencas turolenses, el ferrocarril como medio de transporte y las
sociedades mercantiles como instrumento financiero formaban parte de un mismo
horizonte de modernización que caracterizó a buena parte de los emprendedores
del siglo XIX.
Siguiendo estos acontecimientos, León Cappa se instala en nuestras entrañables tierras en 1859. No obstante, éste se integra muy rápido en la vida de la villa. Ganó prestigio y popularidad por sus éxitos empresariales y su carrera militar entre los samperinos; relacionándose con los más influyentes. Fue en el año 1860, cuando lo nombraron alcalde de Samper de Calanda. No resulta exagerado afirmar que los años de mayor influencia de León Cappa coincidieron con lo que Pascual Martínez Calvo denominó el "Decenio de Oro de Samper".
Antes de las reformas de D. León Cappa, Samper de Calanda era
una villa eminentemente agrícola. Los Samperinos de aquella época dependían de
los cultivos de secano, del cauce del río Martín y sus regadíos, de las
estaciones (no las de ferrocarril evidentemente, eso después), de la
temperatura, de las acequias municipales, de los molinos harineros etc.… No
obstante, nuestro ancestral municipio había sufrido un siglo lleno de penurias
y tragedias, con guerras y conflictos continuos, como por ejemplo las Guerras
Napoleónicas y el cordón de Samper de 2.200 hombres que derrotó al General
francés Wattier (bastante notable en la cúpula militar imperial francesa), o
las Guerras Carlistas, que acabaron el trabajo que Napoleón empezó de destruir
nuestro antes imponente castillo, “el fuerte”. La población anterior al gobierno
de Cappa seguía con las secuelas de estos crueles conflictos en sus mentes,
sufriendo las consecuencias económicas y materiales de éstos. Samper de Calanda
seguía arrastrando su pasado de siglos anteriores, aún en la época de la
industrialización de España.
Sin embargo, esta insostenible situación dio un sustancial
vuelco con la llegada de nuestro ilustre personaje a la alcaldía. Realizó un
ensanchamiento de las calles que pintan nuestro municipio, para permitir el
paso de carros más amplios, así como la adecuación del antiguo foso del
castillo integrándose en el trazado urbano, creando de esta manera la calle La
Cárcel. También creó la del Molino. Adecentó las fachadas, saneó las calles con
aceras, puso guardias de huerta, pueblo y correo, proyectó nuevas escuelas etc.…
También, en la parte de regadío, construyó un azud en Pompea, y proyectó hacer
un pantano. Más tarde de su alcaldía, se creó gracias a su persona la Sociedad
de Regantes. También construye nuestra actual Casa Consistorial en 1862, para
estar en el centro del municipio, uniendo otra vez más a Villa y Parroquia.
Como el lector podrá observar si mira a la puerta de nuestro ayuntamiento,
leyendo “1862” (Fotografía nº 1). En la Plaza Santo Domingo, quería hacer una
estación para unir distintas vías férreas de enorme importancia regional con
destino al mar. Para realizarlo, llevó a cabo expropiaciones, derruyó
edificios, etc.… Pero, cuando este proyecto resultó inviable por falta de
confianza de las grandes élites, León Cappa lo aprovechó para construir el
actual Palacio de la Plaza Santo Domingo (Fotografía nº 2), que aún en su
puerta conserva antiguas decoraciones con sus iniciales, actualmente hay un
pequeño memorial en honor al proyecto (Fotografía nº 3). Cuenta la historia
popular que la mismísima reina Isabel II (Fotografía nº4) visitó Samper y
residió en aquella casa señorial, asistiendo a varias fiestas. También Don León
abogó por la reforma de la Iglesia Parroquial, devastada por todo un siglo de
guerras constantes, invitando al cura a pedir al arzobispo fondos para
lograrlo. Asimismo, pagó de su bolsillo 10.000 reales para comprar nuevas campañas
y relojes. En definitiva, el alcalde del progreso en Samper de Calanda.
Pese a ello, aunque a veces suele confundirse, el ferrocarril del Val de Zafán no fue una iniciativa de León Cappa, sino un gran proyecto ferroviario aragonés desarrollado décadas después de su etapa en Samper. Sin embargo, la llegada de esta infraestructura transformó profundamente el entorno en el que él había imaginado modernizar (Fotografía nº5).
Con todo ello, como ocurre con tantas figuras que dejan
huella en la historia de una localidad, la trayectoria de León Cappa no estuvo
libre de sospechas.
Su intensa actividad como promotor de proyectos y mejoras
para Samper implicó también riesgos económicos importantes y decisiones que, en
algunos casos, no fueron fáciles ni bien recibidas por todos. Eran tiempos en
los que cualquier intento de modernización suponía mover mucho dinero, cambiar
costumbres y afrontar no pocas incertidumbres, y eso inevitablemente generaba
apoyos y también recelos. En mi opinión, de gran relevancia su enemistad con la
tradicionalista Casa de Híjar, que ilustra perfectamente la, digamos
amablemente, curiosa situación entre nuestra querida Villa y el Ducado de
Híjar.
Del mismo modo, su papel al frente del municipio y su
participación en distintos proyectos pudo dar lugar a diferencias de opinión y
a cierta controversia en la forma de gestionar algunas actuaciones, algo nada
extraño si tenemos en cuenta el alcance de las transformaciones que se estaban
llevando a cabo en la villa.
Con el paso del tiempo, su figura quedó también asociada a
episodios posteriores de mayor complejidad, que la tradición local ha
interpretado de distintas maneras, lo que demuestra que estamos ante un
personaje difícil de encajar en una única visión.
En cualquier caso, estas sombras no empañan la importancia de
su paso por Samper, pero sí ayudan a entender mejor su figura: la de un hombre
de su tiempo, con sus aciertos, sus riesgos y también sus contradicciones.
Al mirar en conjunto todo lo que significó la etapa de Don
León Cappa en Samper de Calanda, es fácil entender por qué su nombre ha quedado
unido para siempre a la memoria del pueblo. Fueron años de movimiento, de
obras, de cambios visibles en las calles, en los edificios y en la forma de
entender el futuro de la villa.
Quienes vivieron aquellos tiempos —o quienes los conocieron
después a través de la tradición y la memoria familiar— hablan de una etapa
distinta, intensa, en la que Samper parecía despertar poco a poco a nuevas
ideas de progreso. De ahí que la expresión del “Decenio de Oro de Samper” haya
quedado en el recuerdo, así como la que me dijo mi abuela María Luisa que se
decía “Lo pagará Don Lión”, como una forma sencilla pero muy gráfica de resumir
aquel periodo.
Con el paso de los años, como ocurre con todas las personas
que dejan huella, la figura de Cappa se ha visto desde distintos ángulos. Hubo
admiración, hubo también dificultades y opiniones diferentes, pero lo que nadie
discute es que su presencia marcó una época que todavía hoy forma parte de la
historia viva del municipio.
Al final, más allá de documentos y fechas, lo que permanece
es el recuerdo de un tiempo en el que Samper cambió, creció y soñó con ser algo
más grande, y en el que muchos de nuestros antepasados aún reconocerían el eco
de aquella transformación en las calles que pisamos cada día.
Daniel Segura Martín.
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BIBLIOGRAFÍA:
1. “Historia de
Samper de Calanda (Teruel)”. Martínez Calvo, P.
2. “El proyectado
ferrocarril de Gargallo a Escatrón en 1857" “Centro de Estudios Borjanos”
3. “Gran
Enciclopedia Aragonesa”
4. Numerosas obras
del historiador local D. Alejandro Abadía París.



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