lunes, 29 de junio de 2026

Historia y cultura. León Cappa en Samper de Calanda

 CALLES, SUEÑOS Y NUEVAS ASPIRACIONES E ILUSIONES

Estudio realizado por Daniel Segura Martín.

He decidido, en mi afán de divulgar la Historia de Samper, analizar en profundidad uno de los personajes que más han influido en la historia de nuestra villa. Pocos nombres aparecen con tanta fuerza como el de D. León Cappa y Béjar. Militar, político, empresario y visionario, llegó a la villa en la segunda mitad del siglo XIX y dejó una huella que todavía hoy puede rastrearse en sus calles, en sus proyectos hidráulicos y en el recuerdo colectivo de varias generaciones de samperinos. 

Su figura, sin embargo, va mucho más allá de la de un simple alcalde. Cappa soñó con transformar nuestra villa en una población moderna, conectada por el ferrocarril, dotada de mejores infraestructuras y capaz de aprovechar al máximo sus recursos agrícolas. Algunas de sus iniciativas llegaron a hacerse realidad; otras quedaron en el terreno de los proyectos y de la más pura imaginación. Pero todas contribuyeron a convertirlo en uno de los personajes más influyentes y también más controvertidos de nuestra extensa y rica historia local.

D. León Cappa Béjar (1814-1896), hijo del General y gobernador de Melilla, D. Luis Cappa Rioseco, alcanzó en su carrera militar el título de coronel, no como su hermano, D. Luis Cappa Béjar, que llegó a general. No obstante, pese a su notable éxito en su carrera militar, su vocación se hallaba en las florecientes implementaciones de la época: el ferrocarril y las industrias, como la del carbón. Debemos tener en mente, que la Revolución Industrial, ya había transformado de manera permanente las Sociedades de ricos países como el Imperio Británico, el Imperio Alemán, o Austria-Hungría, entre otros.

En ese contexto de expansión del capitalismo industrial y de búsqueda de nuevas fuentes de riqueza, León Cappa se integró en un tipo de empresario característico del siglo XIX: el promotor de infraestructuras y sociedades mercantiles vinculadas al desarrollo minero y ferroviario. Su actividad no se limitó a la teoría o al simple interés técnico, sino que se materializó en la creación y participación de diversas compañías y proyectos destinados a explotar los recursos del territorio y conectarlos con los grandes ejes comerciales.

Entre estas iniciativas destaca su vinculación a proyectos ferroviarios tempranos en Aragón, como el proyectado ferrocarril de Gargallo a Escatrón (1857), concebido para articular la salida de los recursos mineros del entorno de las cuencas turolenses hacia el valle del Ebro. Este tipo de proyectos responden a una lógica muy clara del momento: la necesidad de unir las zonas productoras de carbón con los grandes centros industriales y los puertos de exportación.

En esa misma línea se inscribe su papel como impulsor de distintas sociedades empresariales. Entre ellas destaca la denominada Sociedad Príncipe de Asturias S.A., recogida en los estudios del Centro de Estudios Borjanos, concebida como una sociedad de carácter industrial y minero orientada a la explotación de recursos del subsuelo aragonés, especialmente el carbón. Este tipo de sociedades eran habituales en la segunda mitad del siglo XIX y funcionaban como instrumentos financieros para captar capital, organizar concesiones mineras y promover infraestructuras de transporte asociadas.

Asimismo, su nombre aparece relacionado con diversas iniciativas empresariales de carácter ferroviario, entre las que sobresale su implicación en estudios y concesiones para líneas de transporte que debían conectar el interior turolense con la red general ferroviaria española. Este interés cristaliza años más tarde en autorizaciones oficiales, como la de 1886, por la que se le permitió realizar estudios para la construcción de un tranvía de vapor entre Samper de Calanda y la línea de Valencia a Tarragona y Francia, con un ramal hacia la línea de Calatayud a Teruel. En conjunto, todas estas iniciativas muestran que Cappa no actuaba de forma aislada, sino dentro de una estrategia más amplia que unía minería, transporte y desarrollo económico. El carbón de las cuencas turolenses, el ferrocarril como medio de transporte y las sociedades mercantiles como instrumento financiero formaban parte de un mismo horizonte de modernización que caracterizó a buena parte de los emprendedores del siglo XIX.

Siguiendo estos acontecimientos, León Cappa se instala en nuestras entrañables tierras en 1859. No obstante, éste se integra muy rápido en la vida de la villa. Ganó prestigio y popularidad por sus éxitos empresariales y su carrera militar entre los samperinos; relacionándose con los más influyentes. Fue en el año 1860, cuando lo nombraron alcalde de Samper de Calanda. No resulta exagerado afirmar que los años de mayor influencia de León Cappa coincidieron con lo que Pascual Martínez Calvo denominó el "Decenio de Oro de Samper".

Antes de las reformas de D. León Cappa, Samper de Calanda era una villa eminentemente agrícola. Los Samperinos de aquella época dependían de los cultivos de secano, del cauce del río Martín y sus regadíos, de las estaciones (no las de ferrocarril evidentemente, eso después), de la temperatura, de las acequias municipales, de los molinos harineros etc.… No obstante, nuestro ancestral municipio había sufrido un siglo lleno de penurias y tragedias, con guerras y conflictos continuos, como por ejemplo las Guerras Napoleónicas y el cordón de Samper de 2.200 hombres que derrotó al General francés Wattier (bastante notable en la cúpula militar imperial francesa), o las Guerras Carlistas, que acabaron el trabajo que Napoleón empezó de destruir nuestro antes imponente castillo, “el fuerte”. La población anterior al gobierno de Cappa seguía con las secuelas de estos crueles conflictos en sus mentes, sufriendo las consecuencias económicas y materiales de éstos. Samper de Calanda seguía arrastrando su pasado de siglos anteriores, aún en la época de la industrialización de España.

Sin embargo, esta insostenible situación dio un sustancial vuelco con la llegada de nuestro ilustre personaje a la alcaldía. Realizó un ensanchamiento de las calles que pintan nuestro municipio, para permitir el paso de carros más amplios, así como la adecuación del antiguo foso del castillo integrándose en el trazado urbano, creando de esta manera la calle La Cárcel. También creó la del Molino. Adecentó las fachadas, saneó las calles con aceras, puso guardias de huerta, pueblo y correo, proyectó nuevas escuelas etc.… También, en la parte de regadío, construyó un azud en Pompea, y proyectó hacer un pantano. Más tarde de su alcaldía, se creó gracias a su persona la Sociedad de Regantes. También construye nuestra actual Casa Consistorial en 1862, para estar en el centro del municipio, uniendo otra vez más a Villa y Parroquia. Como el lector podrá observar si mira a la puerta de nuestro ayuntamiento, leyendo “1862” (Fotografía nº 1). En la Plaza Santo Domingo, quería hacer una estación para unir distintas vías férreas de enorme importancia regional con destino al mar. Para realizarlo, llevó a cabo expropiaciones, derruyó edificios, etc.… Pero, cuando este proyecto resultó inviable por falta de confianza de las grandes élites, León Cappa lo aprovechó para construir el actual Palacio de la Plaza Santo Domingo (Fotografía nº 2), que aún en su puerta conserva antiguas decoraciones con sus iniciales, actualmente hay un pequeño memorial en honor al proyecto (Fotografía nº 3). Cuenta la historia popular que la mismísima reina Isabel II (Fotografía nº4) visitó Samper y residió en aquella casa señorial, asistiendo a varias fiestas. También Don León abogó por la reforma de la Iglesia Parroquial, devastada por todo un siglo de guerras constantes, invitando al cura a pedir al arzobispo fondos para lograrlo. Asimismo, pagó de su bolsillo 10.000 reales para comprar nuevas campañas y relojes. En definitiva, el alcalde del progreso en Samper de Calanda.

Pese a ello, aunque a veces suele confundirse, el ferrocarril del Val de Zafán no fue una iniciativa de León Cappa, sino un gran proyecto ferroviario aragonés desarrollado décadas después de su etapa en Samper. Sin embargo, la llegada de esta infraestructura transformó profundamente el entorno en el que él había imaginado modernizar (Fotografía nº5).

Con todo ello, como ocurre con tantas figuras que dejan huella en la historia de una localidad, la trayectoria de León Cappa no estuvo libre de sospechas.

Su intensa actividad como promotor de proyectos y mejoras para Samper implicó también riesgos económicos importantes y decisiones que, en algunos casos, no fueron fáciles ni bien recibidas por todos. Eran tiempos en los que cualquier intento de modernización suponía mover mucho dinero, cambiar costumbres y afrontar no pocas incertidumbres, y eso inevitablemente generaba apoyos y también recelos. En mi opinión, de gran relevancia su enemistad con la tradicionalista Casa de Híjar, que ilustra perfectamente la, digamos amablemente, curiosa situación entre nuestra querida Villa y el Ducado de Híjar.

Del mismo modo, su papel al frente del municipio y su participación en distintos proyectos pudo dar lugar a diferencias de opinión y a cierta controversia en la forma de gestionar algunas actuaciones, algo nada extraño si tenemos en cuenta el alcance de las transformaciones que se estaban llevando a cabo en la villa.

Con el paso del tiempo, su figura quedó también asociada a episodios posteriores de mayor complejidad, que la tradición local ha interpretado de distintas maneras, lo que demuestra que estamos ante un personaje difícil de encajar en una única visión.

En cualquier caso, estas sombras no empañan la importancia de su paso por Samper, pero sí ayudan a entender mejor su figura: la de un hombre de su tiempo, con sus aciertos, sus riesgos y también sus contradicciones.

Al mirar en conjunto todo lo que significó la etapa de Don León Cappa en Samper de Calanda, es fácil entender por qué su nombre ha quedado unido para siempre a la memoria del pueblo. Fueron años de movimiento, de obras, de cambios visibles en las calles, en los edificios y en la forma de entender el futuro de la villa.

Quienes vivieron aquellos tiempos —o quienes los conocieron después a través de la tradición y la memoria familiar— hablan de una etapa distinta, intensa, en la que Samper parecía despertar poco a poco a nuevas ideas de progreso. De ahí que la expresión del “Decenio de Oro de Samper” haya quedado en el recuerdo, así como la que me dijo mi abuela María Luisa que se decía “Lo pagará Don Lión”, como una forma sencilla pero muy gráfica de resumir aquel periodo.

Con el paso de los años, como ocurre con todas las personas que dejan huella, la figura de Cappa se ha visto desde distintos ángulos. Hubo admiración, hubo también dificultades y opiniones diferentes, pero lo que nadie discute es que su presencia marcó una época que todavía hoy forma parte de la historia viva del municipio.

Al final, más allá de documentos y fechas, lo que permanece es el recuerdo de un tiempo en el que Samper cambió, creció y soñó con ser algo más grande, y en el que muchos de nuestros antepasados aún reconocerían el eco de aquella transformación en las calles que pisamos cada día.

Daniel Segura Martín.




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BIBLIOGRAFÍA:

1.       “Historia de Samper de Calanda (Teruel)”. Martínez Calvo, P.

2.       “El proyectado ferrocarril de Gargallo a Escatrón en 1857" “Centro de Estudios Borjanos”

3.       “Gran Enciclopedia Aragonesa”

4.       Numerosas obras del historiador local D. Alejandro Abadía París.

 

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