lunes, 27 de febrero de 2023

Comentario. Irrespetuosos y ¿débiles?

 

¿Los jóvenes de ahora son irrespetuosos? Y si lo son ¿Quién tiene la culpa? El cartel que corre por las redes y que he puesto como icono, les echa la culpa a los padres, pero muchos padres le echan la culpa a la escuela, también a la calle y, sobre todo, le echan la culpa a las “redes sociales” que se han convertido en las culpables de todos los males que acontecen a la juventud, o a los males que se les supone que tiene la juventud, que parece, la juventud, poseída por el demonio.

No es nuevo, cuando yo era joven, por allá por los años 1960-70, ya se nos acusaban, por gran parte de las generaciones anteriores, de todas las maldades habidas y por haber. Entonces no era el móvil ni las redes sociales, eran la televisión, la música sicodelica y el rocanrol e, incluso, algo que ahora tanto se aprecia como la lectura o la permisividad sexual que tampoco era tanta, aunque alguna gente de mi generación, sobre todo masculina, que estaba tan reprimida como la estuvieron sus padres y supongo que la de los jóvenes actuales, vayan por ahí fardando de lo que fueron (el tio fue). La adolescencia es una época en donde las hormonas y la sexualidad están exaltadas al máximo y nadie se libra de estar reprimido, a pesar de que en la actualidad ni la familia, ni el estado autoritario como el que había antes, ni la iglesia, ni la escuela, ni los padres tengan ya autoridad represora como la que sufríamos las generaciones anteriores.

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El problema es que en el mundo moderno y contemporáneo cada generación aparece muy innovadora; incapaces eran nuestros abuelos de comprender totalmente a sus hijos e hijas y estos incapaces de comprender totalmente a mi generación, y nosotros incapaces de entender totalmente a las generaciones que nos preceden. Me imagino que a ellos les pasará lo mismo. Es ley de vida. Lo contrario sería un estancamiento en la evolución de la sociedad como en la Edad de Piedra donde las costumbres y los valores sociales prevalecían durante docenas o cientos de generaciones.

En sociedades poco desarrolladas la familia era o es, la portadora de los valores y costumbres; luego fue la escuela la que favoreció el paso de una sociedad subdesarrollada a una ilustrada como está pasando todavía en los países del Tercer Mundo. En los desarrollados la escuela ha perdido también esa capacidad de influir en la juventud. Estamos (estáis, yo no he tenido hijos) apesadumbrados; los padres desbordados sin comprender que pasa y los educadores lo mismo.

Aparece la figura del “Defensor del Menor” y el Fiscal del Menor”, es decir especialistas de las instituciones porque ni los padres ni los educadores tienen capacidad ya para educar o mandar; no es que no quieran, es que no saben ni pueden.

Tranquilos, no pasa nada. Nosotros nos moriremos y los jóvenes que tengan la suerte de sobrevivir, que ojalá sean la mayoría, se espabilarán; para eso, para sobrevivir, y si no mal les irá. Nosotros ya no estaremos aquí para ayudarles y, sobre todo, para criticarlos. Tratemos de vivir lo mejor que podamos que nosotros estábamos peor que están ellos. Nuestra generación tuvimos que aguantar a nuestros padres y abuelos y esta joven nos aguanta mucho mientras seamos jóvenes porque somos unos benditos, pero no nos van a aguantar cuando seamos viejos.

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