Preidentidades de la península |
El problema identitario (sentimiento de identidad patriótico), no es un
atontamiento que afecte solo a los catalanes o a los vascos; está muy presente
en todas las comunidades autónomas españolas aunque, de momento, estén agazapados
estos sentimientos, pero irán saliendo si no se resuelve la crisis económica,
acuciadas además por las crisis de identidad a la que estamos asistiendo por la
posmodernidad, pues ya no sabemos de qué tribu somos, ni si somos hombres o mujeres;
burgueses o proletarios; animales humanos todos o personas de distintas
especies y razas; de clase media o arrabaleros. La de identidad (o conciencia)
de tipo patriótico, puede aparecer con radicalidad en cualquier momento, en
cualquier sitio. Un ejemplo es la emergencia de un sentimiento de identidad
española en la “Tabernia catalana” o el también emergente de las provincias “vaciadas”
del interior de la península en confrontación con las periferias (que va a ir a
más y se pueden convertir en sentimientos de identidad patriótico-sociales de
la nueva Celtiberia).
Identitarios catalanes con extrema derecha europea
Supongamos, por ejemplo, que a los catalanes se les da la
independencia, pues los aragoneses también la querremos para que no haya
discriminación entre comunidades. No vamos a ser menos que ellos cuando somos
más nacionalidad histórica que Cataluña.
Saben por ejemplo que, aquí en Aragón, en la provincia de Huesca, no
quieren ser maños ni del real Zaragoza; cosa que no ocurre en la provincia de
Teruel, que en Teruel somos maños, baturros, del Ebro, del Zaragoza y de la
Virgen del Pilar. En Huesca no. Esto puede parecer una tontada. Ahora. Pero en
el futuro puede ser una fuente de conflicto interregional. Afortunadamente en
todo lo que es la “Franja Oriental” no quieren ser catalanes, ni que su
dialecto sea considerado del catalán (aunque del castellano no lo es, ni
tampoco del viejo romance aragonés que llaman fabla). Un tema complejo que no
entiendo bien pues no soy filólogo ni nada que se le parezca; así que no opino.
¿Saben que, en la comunidad Castellanoleonesa, hay muchos leoneses que
quieren su autonomía e independizarse de Valladolid y de Castilla la Vieja?
Pero lo que más me ha preocupado es una encuesta que dice que en la
Comunidad Castellanomanchega, de cada tres habitantes, uno solo es castellano y
dos son manchegos, menos algunos de Albacete que se considera todavía murciano
y los alcarreños que les da igual.
En canarias son bereberes cristianos (yo creo que mestizos porque había
pocos bereberes cuando poblaron las islas los castellanos hace siglos, y se
mezclaron). En Cantabria y la Rioja, que parecen tan estables, hay problemas de
identidad que todavía no han salido a la luz. Los cántabros no son iberos como
la mayoría de los españoles sino celtas como los asturianos y gallegos, pero
los de “Coros y danzas” del franquismo les quitaron la gaita celta y les
pusieron el uniforme sanferminero de los vascongados. Estos últimos, decían
antes que eran iberos, pero ahora dicen que son descendientes de una colonia de
la Atlántida como los antiguos egipcios, por eso hablan la lengua anterior a la
torre de Babel; una lengua que en vez de decir la “Y” para la conjunción dicen
“ETA”. Y la mayoría de los riojanos, como se sabe, descienden de los vascos
(estos sí), aunque tempranamente aculturizados por los imperialistas
castellanos. A estos últimos, por cierto, ya no les queda imperio ni nada, si
bien ha surgido un movimiento nacionalista castellano (el partido comunero) que
quiere reestablecer la nación castellana y vengarse de Carlos I que acabó con
la rebelión patriótica de los Castellanos. Pero es minoritario de momento y no
saben cuántas provincias se unirán al proyecto. Lo tienen mal porque los de la
comunidad de Madrid (imprescindible para el renacimiento castellano), reniegan cada
vez más de Castilla y son simplemente de Madrid, es decir; de España.
En Andalucía hay un incipiente movimiento nacionalista que no termina de
cuajar encabezado por el alcalde de Marinalera, Gordillo, y algún sindicato del
campo. También quieren restablecer la lengua Andaluza pero no se ponen de
acuerdo entre los diferentes dialectos; además, los andaluces son muy anárquicos
y habla cada uno como le viene en gana.
En Valencia están divididos, entre ser catalanes o españoles, y los hay
que no quieren ni una cosa ni la otra. Un amigo mío muy catalanista me decía
que los valencianos son quinquilleros que hablan catalán o, “valencià i home
de bé, no pot ser”; con ese talante no se los van a ganar para su
causa.
Identitarios españolistas |
En fin, Aragón ye nación, aunque la mayoría de los aragoneses se
empeñan en ser españoles porque son muy cabezudicos. Yo no, soy apátrida de
pueblo y encuentro exótico esto de los nacionalismos, sean centrífugos o
centrípetos; solo fui nacionalista (español, claro), en la Guerra de la
Independencia contra los franceses, a pesar de que soy algo jacobino y
afrancesado, y lo pagué muy caro. Hasta los de Fayón me parecían extranjeros;
de pequeño no los entendía de tan raro como hablaban; creo que anegaron ese
pueblo, no sé si por eso o para ensanchar el Ebro y que fueran a pescar los
alemanes. Sabía identificar los acentos de La Puebla, de Chiprana, de Hijar o
de Alcañiz. Ahora se pierden los sonidos y letras enteras; los jóvenes de hoy
dicen poyo (pollo), boyo (bollo) e hinojo, cuando todos sabemos que se llama finollo.
Y los chicos te tutean y te cabreas con ellos si no lo hacen, pues la
gente mayor considera un insulto que los jóvenes te traten de usted, algo
insólito en otros tiempos. Antaño los mayores se cabreaban si los tuteabas. Por
eso no hay respeto, aunque a mí el respeto, si se falta con educación, no me
importa. Hay que estar abierto a los tiempos.
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