| Foto: J. Vernet Almolda |
10 de enero
de 2026 23:50 h Actualizado el 11/01/2026 05:30 h 0
La concentración parcelaria, tradicional herramienta para modernizar y ordenar las explotaciones agrícolas, vive en Aragón un momento de contradicciones.
Mientras desde instancias
oficiales se impulsa el proceso en áreas concretas, desde el sector agrario y
la oposición política se denuncia una “paralización” que está lastrando la
actividad rural y la competitividad del campo.
La concentración parcelaria
es un procedimiento técnico y jurídico que reorganiza la propiedad rústica,
agrupando parcelas dispersas en fincas de mayor tamaño y mejor configuración
para la producción agrícola. El objetivo es optimizar explotaciones, reducir
costes y generar infraestructuras rurales —como caminos o acceso a regadíos—
que faciliten el trabajo en el campo.
En un territorio como
Aragón, con una agricultura muy diversificada y en muchas zonas todavía marcada
por parcelas minifundistas, la concentración parcelaria se presenta como una
herramienta “fundamental” para avanzar hacia un entorno rural más competitivo y
sostenible.
Proyectos en marcha, pero
con el freno de mano puesto
Según los datos oficiales
del Gobierno de Aragón, hay varias zonas donde la concentración parcelaria
sigue en ejecución. Calcón (Huesca), con más de 3.200 hectáreas en reordenación
y las obras en marcha desde mayo de 2024. Gurrea de Gállego (Huesca), un proyecto
de más de 6.600 hectáreas previsto hasta finales de 2025. O Bello (Teruel), en
la fase I con más de 4.200 hectáreas también en desarrollo.
Además, varios municipios
en Huesca, Zaragoza y Teruel también se encuentran inmersos en procesos en fase
de exposición pública de documentos o toma de posesión de fincas de reemplazo,
pasos previos a la ejecución definitiva de la concentración parcelaria.
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