Estamos en una sociedad muy abierta,
compleja, plural, pero a la vez muy intolerante; tremendamente
paradójica. Ya no es solo la doble moral de mucha gente, creadores
de opinión y políticos. Dentro de los mismos partidos se dan
posicionamientos diferentes, lo cual es reflejo o expresión de las
contradicciones sociales, y eso es bueno. Lo malo es que tenemos un
"cacao mental" de muchos kilos de peso. Lo digo yo que a
veces no se como aclararme con mis amigos a los que a veces considero
de derechas y en algunos temas "me pasan por la izquierda",
o que consideraba de izquierda y arremeten en algunas cuestiones con
un "radical-reaccionarismo" propio de los “sayones" ultramontanos y
carlistas del siglo XIX.
Luego está el puritanismo del discurso panfletario y la escritura políticamente correcta. Una cultura
propia de los antiguos, que no se si con rigor llamábamos
sofistas, fariseos o jesuitas y toda esa caterva de hipócritas que
le dan más importancia al habito que al monje; al envoltorio más
que al producto que contiene. y los autoritarios, que si mandaran ellos tendrían a España como un clavel, es decir; como un cuartel.
Yo que quiere que les diga, no soy ultramontano, soy de la cultura del
“prohibido prohibir”, salvo que sea cuestión salud pública, delito o se atente contra los
derechos humanos que son leyes de primer orden a las que estamos vinculados
en España aunque algunos no quieran enterarse. También me gustan las obras de misericordia, como la de asistir al cautivo, dar posada al peregrino y todas las obras de misericordia que la mayoría de los cristianos actuales han olvidado o no practican aunque las hayan estudiado en el catecismo.
Si nos ponemos a prohibir y a hacer
dimitir a todos los políticos que no nos gustan, como tanto vemos por las "redes" sean de una u otra ideología, acabaremos con todas las que no sean la nuestra, y con todos los políticos que
no sean los nuestros, pero, sobre todo, con los nuestros también los primeros; que más quieren oír los que están detrás de las bambalinas. Como entremos en esa competencia, van a llevar la peor parte los progresistas y los demócratas. No hagamos tonterías, que en esta
sociedad, no son los sectores mas progresistas, más racionalistas y
más ilustrados los que tienen la autoridad real, la sartén por el
mango. Al Estado hay que darle poder para que realice políticas
sociales, igualdad de oportunidades en la enseñanza y Sanidad
universal para todos. También para que reprima el delito y la
corrupción de los estamentos superiores o privilegiados, o invierta
en mejora de la calidad de vida de todos.
No que se la demos para que reprima a los manteros, persiga Hacienda a los autónomos, las PIMES o los trabajadores asalariados, o sancione la libertad de
expresión; ni para hacer dimitir a los políticos que han sido elegidos democráticamente aunque no nos gusten, salvo que sean judgados y sentenciados en firme; no soy memo, porque la libertad de expresión que va a sancionar el Estado, si le doy el
apoyo, será, sobre todo, la mía y la de los que piensan como yo.

No hay comentarios:
Publicar un comentario