Ayer se produjo el primer fallecido. Un militar de la UME que trabajaba en las tareas de extinción perdió la vida al volcar el camión en el que viajaba.
Aún no
está controlado y ya se han superado las 17.000 hectáreas calcinadas en una
tragedia que estremece a la comunidad.
El fuego
ha obligado a desalojar más municipios, un total de 19 localidades: Alastuey,
Anzánigo, Arbués, Atarés, Bailo, Bernués, Binacua, Botaya, Centenero, Ena, Larués,
Osia, Peña Estación, Salinas de Jaca, Santa Cruz de la Serós, Santa María de la
Peña, Triste, Villalangua y Yeste. Entre todos estos núcleos suman más de mil
personas evacuadas de sus hogares y de sus negocios, precisamente en la época
del año con más turismo y en la que más facturan los establecimientos
hosteleros.
Las
dimensiones de este desastre son un récord, incluyendo el despliegue de extinción.
El operativo de ayer sumaba más de 1.000 efectivos y 42 medios aéreos,
obligando al Gobierno de Aragón a pedir refuerzos internacionales y más medios
a la Unidad Militar de Emergencias para luchar contra un frente desbocado que
avanzaba hacia las faldas del Monte Oroel.
El fuego
se atrevió, el pasado jueves, a cercar la cuna del viejo reino de Aragón; el
Monasterio Viejo de San Juan de la Peña, cuya integridad quedó protegida por la
roca milenaria, pero obligó a llevar a cabo una extracción en una situación
límite de todos sus bienes históricos para ponerlos a salvo en el Museo de
Huesca. Para encontrar un incendio forestal que se acerque a esta magnitud hay
que remontarse a julio de 1994, cuando las llamas que comenzaron en
Villarluengo, en la comarca del Maestrazgo, arrasaron 16.600 hectáreas de
bosque.
Este año
ha sido horrible, superando al año pasado que ya fue horrible y anteriores.
Cada año es peor. Y (paradójicamente), los efectivos se han ido recortando en
los últimos años por costosos, aunque no sea la única causa de este aumento de
los incendios.
Nuestros
políticos tienen que ponerse manos a la obra. Dejarse de echarse la culpa unos
a los otros y crear un protocolo rígido y efectivo analizando, estudiando y registrando
todas las causas como se hace en todo sistema de investigación, y hoy hay
medios para hacerlo se llame Pacto de Estado o cualquier otro nombre. O no
tener bosques, con lo cual nos ahorraríamos el gasto de mantenerlos, que es
caro, carísimo, aunque creo que esto no gusta a la mayoría; quizá si a empresas
punteras de la constricción y a las nuevas de energía verde que están penetrando
con fuerza en el mundo rural.

Aquí en Samper deberíamos empezar a hacer cortafuegos con los tractores o con lo que sea necesario por si acaso. No quiero ver arder (de nuevo) nuestra catedral del valle.
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