viernes, 15 de agosto de 2014

Recopilación. Aquí se rompe el palo.



J.Antonio Espés Sévil.
Escrito en el periódico Hato de Voces de la Asociación Cultural Puerta Abierta (II época), por José Antonio “el Habanero”, en mayo de 2005.
INRODUCCIÓN PRESENTACIÓN
     Hola soy José Antonio Espés Sévil y hace unos días Miguel Gracia “el Justo” me pidió que escribiera algunas líneas o comentarios sobre el mundo de la ganadería y el pastoreo. Tengo que reconocer que me gustó la idea de dar a conocer a todas aquellas personas que no han tenido la oportunidad de vivir esa experiencia pastoril y que quede en el recuerdo de todos nosotros.

     Para festejar a nuestra Patrona Santa Quiteria, los ganaderos y pastores organizan la Feria Ganadera de Santa Quiteria. Esta feria tiene sus comienzos en el siglo XVIII y ha conseguido llegar hasta nuestros días.
     A continuación voy a contarles unas cuantas cosas que mi padre me enseñó, y que también otros pastores enseñaron a sus hijos. Las personas
Fotos, colección Majano
que nombro son reales como la vida misma, y espero y deseo que nadie se sienta molesto al leerlo, pues si los he nombrado es porque guardo un buen recuerdo de ellos, es el recuerdo de un chico que vivió de esa forma, en nuestro pueblo Samper. Utilizo los nombres propios y nuestro “DNI local” los “apodos o motes”. Hay sagas que de alguna manera tenemos que conservar y respetar ya que nos estamos refiriendo a nuestros antepasados.
     Tengo que reconocer que mientras escribía estas líneas me embargaba una gran emoción al recordar todo esto y poder compartirlo con la gente de mi pueblo, espero que cuando lo lean se acuerden de los SUYOS como yo he hecho.
AQUÍ SE ROMPE EL PALO
     Nunca una frase esconde tanto y tan variado significado en la jerga pastoril, en otras jergas sería “tirar la toalla” ya que “he roto el palo” en primera persona y como yo antes y después lo han hecho otras personas. Al llegar el mes de mayo nos entra una morriña de afectos y desafectos, según cada cual, porque no todo el mundo “rompe el palo” con el mismo sentimiento. Todas las formas son igual de respetables.
     Yo lo voy a hacer desde el respeto que me merecen todas las personas que en mi vivencia desde chico han tenido este oficio tan digno y respetable, como el que más, tanto pastor como ganadero.
     * La fiesta empieza  el 3 de mayo de un año cualquiera, es el día de la ”Santa Cruz”, “o “Día de las Peladillas” para los chicos.
     Ese día en el salón de actos del Ayuntamiento se reunían los pastores, y el que no podía ir otro lo representaba, se hacía “el sorteo de esquilar”.
     * Santa Quiteria: era la fiesta más grande de “la Ganadería”, pagaba parte de la música, los fuegos artificiales, los güetes y las ruedas de la Placica.
     * La Feria: las personas de mi generación no la vimos como la vivieron, solo nos la podemos imaginar cómo nos la contaban ya que hasta los años 70 y principios de los 80 no se restituyó. Cuando el Ayuntamiento de la época la quiso volver a celebrar, los pastores apoyaron de forma unánime la iniciativa, y esperemos que se siga celebrando muchos años.
     * Un día de feria: recorro los stands de productos varios; flores, telas, quesos, comedores y bebedores; herramientas y utillajes; el bar… y me adentro en el “Corazón de la fiesta”.
     Los apartados de ganado, lo más selecto de cada casa, leo los nombres de los ganaderos, algunos los conozco a otros no; miras a los animales de forma un tanto escrutadora y algo entendida, cambias algunas palabras con otros visitantes o ganaderos, dueños o no, de los animales, a poco que hablas empieza una conversación en jerga pastoril, que la gran mayoría entendemos; algunas palabras tales como: “primalas”, “borregas”, segallas”, tercencas”, “ahorras”…
     Si se ha esquilado y el año ha sido malo suelen salir más apuradas y con “albarda”. Se mira con más exigencia  los “mardanos” (machos), el que sean dobles, les da más valor a la hora de ser comprados o vendidos; también las hembras jóvenes o corderas aumentan su cotización si estas han nacido en parto doble.
     * Cuando leo los nombres, aún quedan nombres de sagas pastoriles y otras nuevas, veo a otras personas (hijos, nietos/as), que como yo hemos estado  dentro de esas “sagas”; me recuerda la mía “LOS PESCARES”, con ramificaciones de “LOS HABANEROS”, (Miguel y Pepe), “LOS PUNCHAS” (el de los Carpinteros), “EL DEL RABAL”, “EL PIO”, “LOS MONTERAS”, EL DE LA TORRE DE CALAVERAS”, DE LOS GARFOLLAS”, “EL DE LA MARGA”, “EL DEL MONTECICO”, “LOS CHUPOS”, “CAPARRO”, “LOS GANADOS DE LA NICOLASA EN EL CORRAL DE PUIG MORENO”, “EL DEL APEADERO DE ESCATRÓN”, “LOS PELAOS” EN LA TIERRA BAJA”, “EL TIO TADEO  EN LAS PLANAS”, “LOS COLEGIALES EN MATAGATOS Y FOTEA”, “LOS TUNTRUNES” Y “LOS MELICOS” también en la TIERRA BAJA, “LOS PATACOS EN EL SASO”.
     Ganados que permanecían todo el año en el pueblo y en la huerta eran: Santiago “EL BOTEJAS”, José Martín “EL TACHO”, Antonio Costán “EL ANDRADE”,  Paco “EL ESPECIERO”, Serrano “EL CANTADOR”, (que hacía chuflainas de caña (flautas), él conocía cual era la caña buena para sonar, “EL
CARDIEL” que hacía con la punta de la navaja dibujos y filigranas en las cantimploras  de aluminio y sabía quitarles el muermo a los gatos  de un mordisco en la punta de la cola; “EL TIO CUBA” sabía matar las liebres con el palo mejor que nadie; “EL TIO MENUDO” sabía hacer collares de los esquilos de madera de higuera verde y torrolleras de palo de latonero.
     Rafael “EL ANDRADE” que con mucha parafernalia sabía quitar el muermo, capar los perros, de ganado para que no se escapasen con las perras “altas” en celo, y gran matador de liebres a palo, era todo un arte como las cazaba; si las mataba “segundiando” era un poco frustrante para ellos; eran acusados de ser malos cazadores porque tenían que “segundiar” la faena.
     * TEMA ECONÓMICO: La compra de los corderos se encargaban de hacerla “LOS CATALANES”, y carniceros del pueblo y de los alrededores e incluso de Zaragoza.
     * Los catalanes: casi siempre subían en parejas de la zona de Tarragona y Reus; la verdad es que eran buena gente, hablaban su lengua, el chapurriat”, que lo entendíamos casi en su totalidad.
     * Los carniceros del pueblo y alrededores de Samper; “el Seguro”, Truntrun” (padre e hijo), Pascual “el Belén”, “el Franco”, Salvador “el Fabián”, “Cotito el de Hijar”, “los Claveles de Escatrón y Castelnou”, “el Royo de la Puebla de Hijar”…
     Todos ellos tenían y tienen el mismo grado de honradez al pesar los corderos en vivo con la romana, las “caídas de la romana” una vez para cada uno.
LA BURRA O EL BURRO
     Otro elemento representativo del pastor es la “burra o el burro de ganado”. Es este un animal muy manso y dócil, se acomoda a la marcha de las ovejas y pagenta conellas como si fuera una oveja más. La misión más importante que tiene es cuando en la época de paridera las ovejas paren por el campo y hay que vigilar para llevar a los corderos a casa; así que se meten en una alforja que llevan en la lomera. Pero hay que tener cuidado de cómo se dejan, con la cabeza hacia fuera y con cuidado para que no se asfixien. La burra enseguida se percata de lo que lleva a cuestas y va con cuidado; a no ser que algo la espante y se asuste no suele trautullear a los corderos, eso sí, cuando ve que no lleva ninguna carga, lo que más le gusta es echarse a “rebulcar”  y rascarse la lomera.
EL ORDEÑO
     En nuestro pueblo solo se ordeñaban las cabras, las ovejas no, ya que la raza “Rasa aragonesa”, no es una raza lechera, solo es de carne y muy buena. Nuestras cabras no eran de una raza definida. De vez en cuando venían rebaños de cabras “murcianas” para la venta, con unas ubres que llamaban la atención de grandes que eran y daban mucha leche, estaban las que tenían las tetas “tetiabosadas” o “reganchadas” y las de las tetas chuflaineras. El ordeño de las tetiabosadas normalmente se hacían por delante y las de las chuflaineras por detrás; una vez que cogías habilidad y eran “tiernas” se hacía con las dos manos a la vez. Algunas estaban quietas pero otras había que tenerlas del cuello ya que eran algo furas.
LA LANA
     Después del esquileo la lana que era para casa (colchones e hilar), se lava
con agua caliente (hirviendo) y luego lo aclaraban, la esbandían en el rio, en las acequias y la ponían a secar en cañizos; la esmotaban por si quedaba algún carrucho, y también para dejarla hueca. Lo que más me sorprendía era cuando veía a mi abuela Rosa “la Parisa”, hacer el hilo, esta faena se llamaba “esperpillar”, para ello utilizaban la rueca y la devanadera. Lo que aún me sorprendía más era cuando hacía los “piales” con aquellas agujas tan delgadas y empleaba tres o cuatro a la vez, las apoyaba en un cañuto de caña que le daba vueltas en la cuerda del delantal para apoyarlas. Cuando se le rompían me mandaba a cortarle cañas para hacer otros. Eso sí que era aprovechar los medios, veías crecer la lana en las ovejas y luego te veías los calcetines puestos, hechos con su lana.
EL ESQUILEO
     El esquilo, que recuerde, es la faena más dura que tiene esta profesión y la que más personal necesitaba: esquiladores, atadores y desatadores. Había que atar bien a los animales para que no golpeasen a los esquiladores.
     Los primeros esquileos que recuerdo eran con tijeras y luego con “máquinas de manurrio y motor eléctrico”; también en este trabajo había sagas, llamadas cuadrillas de esquiladores, voy a nombrar unas cuantas: “los Ansones”, “los Riberanos”, “los Manolones”, Paco “el Figote”, Juan Manuel “el Frailo”, y el gran maestro en el esquileo Miguel “el Putin”.
     Hoy en día ya no quedan cuadrillas autóctonas; se encargan unos
esquiladores polacos, lo hacen en mayo y estos ya utilizan una nueva técnica que por aquí era desconocida y nadie se la creía hasta que lo vimos. Hubo muchas habladurías sobre si drogaban a las ovejas para que no garriasen pero era todo mentira, éstos demostraron una nueva técnica que consistía en doblar al animal de forma determinada y no era necesario atarlas para ello, hay que tener una gran habilidad.
     En esta faena, la parte más complicada era esquilar “la tripera de los animales”: en las ovejas que estaban criando, tenían que procurar no hacerles daño en las ubres; en los mardanos procurar no tocar los testículos y el pichorro o escroto.
     El dueño de las ovejas o el pastor lo que solía hacer era recoger la lana haciendo lo que se llamaba “bellón” que era una bola con nudo especial solo utilizado para la lana.
     La mayor comodidad en esta faena llegó con las máquinas  de motor eléctrico, porque con las de manurrio la faena era muy dura y acababas con gran dolor de brazos.
LA CONCENTRACIÓN DE PASTOS
    La concentración de pastos es de las cosas más inteligentes que tiene este gremio. Consiste en agrupar los pastos lo más cerca posible de donde el pastor tiene el ganado, bien comprando el pasto o, la más habitual, cambiándolos con otro pastor.
EL CENSO CABAÑIL
     Como en todas las actividades profesionales, es muy importante y necesario saber lo que se tiene. Todos los años antes de San José se hacía la primera cuenta del ganado y para San Juan la segunda.
     Recuerdo que siempre al contar el ganado “a puerta”, en un lado de la puerta del guardia “José Albaiceta “Castejón”, que habilidad tenía para contar y rara vez había error, ésta era la primera cuenta, la segunda era solo para las hembras jóvenes, las que dejaban para vida, ya que a partir de junio se consideraban hembras de cría. Las bajas por venta de carne de viejas, muertas por accidente, etc… se las decía el ganadero. El cabrío llevaba otro censo aparte.
ESPARIZAR
     Cuando las ovejas de un ganado comienzan a parir, esparizar es la faena más importante que los pastores enseguida se dan cuenta si el parto viene bien o mal.
     Siendo un chico de 8 o 10 años mi padre me llevó al corral donde encerraba mi tía Quiteria “la Brozas”, una oveja tenía un mal parto y el “zagal” tenía el brazo pequeño y podía sacar el cordero, ya que venía con las patas delanteras hacía atrás, me lavaron el brazos con agua y jabón para meterlo en la matriz de la oveja y así le ayudé a parir.
     Me acercaron un cordero pequeño recién nacido; con la mano izquierda tocaba el cordero nacido, con la derecha dentro del animal tenía que hacer lo mismo tocando el cordero sin nacer, hasta que le puse las dos paticas hacia delante y ya nació de forma natural.
     Las cabras casi nunca, por no decir nunca, paren por la noche; cuando queda una hora o menos de sol ya no paren; las conjeturas o porqués que se hacen son varias ya que los cabritillos cuando nacen son muy torpes y les dura un día o dos. Instinto de supervivencia para perpetuar la especie.
EL PALO
     Lo más representativo del pastor es sin duda “el palo”. El palo normalmente es de latonero. Se cortan éstos en menguante a poder ser, y tan pronto como se puede hay que llevarlo a lo que se llama “el güeltero”, ya que los palos de pastor en la parte de abajo llevan una curva de casi 90º, un ángulo recto.
El nombre de güeltero se da a un agujero o una rendija en alguna cantera o lastra de piedra. La operación consiste en calentar en una fogata junto al güentero, la parte más gorda del palo y cuando está muy caliente, que casi se quema, se mete dentro del agujero o en la rendija. Se hace fuerza con la otra punta; hay que tener cuidado e ir despacio para que no se esgalle la curvatura o codo y, cuando está paralela al suelo se le pone peso de piedras hasta que se enfríe la madera. A los 6 u ocho días ya se puede sacar y sale con la forma acodada; con el cuchillo se deja a la medida que se quiere de largo.
     Otra operación es calentar todo el palo para poder quitar el pellejo verde y que quede blanco como lo veremos en las manos del pastor.
LAS PIELES
     Siempre se dice “donde hay ovejas hay pellejas”. Este producto o subproducto no tiene mucho valor económico pero se vende o se empleaba para hacer morrales, forrar los guardalomos, para mantas en el monte o en casa y también para los bombos. Ya sean pieles de cabra o de oveja, los pieleros sabían cual convenía, conocían el sonido de una buena piel seca.
     Recuerdo que mi padre, las pieles que venían buenas, decía: éstas para Paco “el Barba”, José “el Fabita”, José María “el Cañicero”…, todos ellos saben androñar para hacer parches de bombos.
LOS ESQUILOS
     Cada ganado tenía un sonido distinto que nosotros conocíamos, lo sabíamos por el ruido de los esquilos, sin ver al pastor ni las ovejas.
     Recuerdo, cuando estaba haciendo la mili en Jaca, que el “tío Rafael el Andrade” vino a casa cuando se enteró que estaba de permiso y me encargó dos docenas de esquilos, los del Pirineo tenían fama de buenos porque tenían mucho cobre y eso hacía que sonaran mejor. Para que no me engañaran en la compra, ya que era inexperto, me recomendó que una vez en la tienda probase los esquilos y yo me pregunté ¿cómo? Y me lo explicó: cuando llegues y digas lo que quieres, te darán un clavo de hierro largo como los de encañizar para que pruebes el sonido, tu, recházalo, porque con el hierro todos suenan igual de mal y me trajo dos “batajos”, uno de madera de arto y otro de hueso de pata de oveja y ¡créanlo! Tenía razón, el sonido era mejor.
     Había variedad de esquilos: ovejeras, matracos de nº 0,1, 2; truquetas…; incluso tenían esquilos para invierno y otros para verano.
     El más pincho y caprichoso que yo he visto en cuestión de esquilos era Pascual “el Cojillo”.
José Antonio Espés Sevil
“Habanero”

1 comentario:

  1. Jose-Antonio, has desarrollado toda una disertación sobre el pastoreo; oficio que, hoy en día, la mayoría desconoce. Lo ilustras con toda clase de detalles tanto para los que lo vivimos, como para profanos. Tu escrito me ha hecho recordar, para bien o para mal, mis temporadas en el Castellar, con once años, a veces tres semanas sin regresar a Juslibol.Me ha gustado mucho.

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